¿Cuales son los recursos literarios?

El hipérbaton: llamado también trasposición, consiste en la inversión del orden regular de las palabras en la oración simple y las oraciones simples en la clausula. Así, el orden regular de las palabras en la oración  “Mi padre mato ayer dos liebres en aquel cerro” puedo trasponerse diciendo: Ayer en aquel cerro, mato mi padre dos liebres y, también, Dos liebres mato ayer mi padre en aquel cerro. Esta inversión no debe alterar el sentido de la frase, razón por la cual el hipérbaton está sujeto a ciertas reglas impuestas por la lógica del lenguaje y que no pueden quebrantarse sin restar claridad.

La elipsis

Consiste en la omisión de una o más palabras, necesarias para la recta construcción gramatical, pero no para que resulte claro el sentido de la expresión, ya que el oyente o el lector las suple, y su empleo quitaría a aquella, muchas veces, energía y aun el merito de la brevedad. Al decir como en lugar de, Yo como, suprimimos elípticamente al sujeto yo, que es sobreentendido. Así decimos también ¿Qué tal? por ¿Qué tal te parece? Al responder a la pregunta ¿Quién va? Diciendo Yo, empleamos la elipsis, ya que esta breve respuesta equivale a decir  Yo soy quien va. La expresión adiós, que empleamos como despedida, es la forma elíptica de la frase a Dios te encomiendo.

El pleonasmo

Palabra equivalente a sobra o redundancia, consiste en el uso de palabras innecesarias para el recto y cabal sentido de la expresión, pero con las cuales se pretende dar a esta mayor claridad, gracia y energía. Al decir Yo mismo lo vi, empleamos pleonasmo, pues bastaría decir Lo vi. Igual sucede con las expresiones Lo vi por mis propios ojos; lo escribí de mi mano, pues bastaría decir Lo vi; lo escribí. Lo mismo sucede con A ti te lo digo, donde existe la repetición innecesaria de los pronombres ti y te.

La silepsis

Consiste en quebrantar las leyes de la concordancia en el género y el número de las palabras, es decir, en dar a éstas diferente concordancia de la que en rigor gramatical les corresponde. Al hacerlo así, se atiende a lo que las palabras representan y no a lo que dicen. Un ejemplo claro  de silepsis se encuentra en el célebre epigrama de Moratín.

“¿Veis esa repugnante criatura chato, pelón, sin dientes, estevado…?

En que los adjetivos chato, pelón y estevado que califican al nombre criatura se emplean en su terminación masculina y no en la femenina como debiera, para mejor designar que dicha criatura es un hombre.

La traslación

Consiste en usas una forma verbal con la significación de otra, es decir, en usar un tiempo del verbo fuera de su natural significación, como cuando decimos Mañana es domingo, empleando el verbo en presente, cuando, por la significación futura que tiene la frase, es natural decir Mañana será domingo. Lo mismo sucede al decir Luego voy a tu casa en lugar de Luego iré a tu casa.

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